¿Qué hago con los clientes tóxicos?

Escrito porReady4U Categorías: Opinión, Emprendimiento, Finanzas, Legal

En un municipio de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que montaron un negocio de los de “estamos empezando y necesitamos vuestra ayuda aunque ahora andamos apurados de presupuesto… pero crezcamos juntos”.

No voy a contaros toda la historia por escrúpulos respecto a utilizar este medio para desahogarme (el tema está en manos de los tribunales), pero resumiendo mucho: la relación no acabó bien y el agujero en la caja fue considerable. El tema es sencillo: caraduras los hay en todas partes, y si tienes la desgracia de cruzártelos, no estás inmunizado para que te la metan doblada. A ti también te puede pasar, sobre todo si en el ADN de tu persona y tu negocio se encuentra el echar un cable a los demás, pero nosotros por lo menos hemos sacado una valiosa experiencia que pasamos a transmitiros a través de este post.

Mi padre suele decir que hay dos tipos de motoristas: los que han tenido un accidente serio y los que todavía no. Pues en este caso es igual: tarde o temprano tendrás algún cliente tóxico.

¡Ojo! No digo que debas cambiar tu manera de ser y dejar de confiar en la gente, pero si tomar ciertas medidas para intentar que no se aprovechen de ti, o en el caso de que ya te haya sucedido, que no te vuelva a pasar en el futuro. Aquí os dejo unos cuantos consejos para detectar a este tipo de individuos y/o, al menos, actuar con cierto sentido común para minimizar riesgos:

Las apariencias engañan: Generalmente a los caraduras profesionales no los ves venir de lejos, y los hay de diferentes tipologías. Pueden aparentar ser gente “respetable” y muy amable… pero empieza a sospechar si poco a poco notas que te estás viendo abocado a una situación en la que el retorno no justifica en absoluto el nivel de recursos que te exige dicho cliente, sólo escuchas promesas que tras un tiempo razonable no terminan de materializarse o si tras un trabajo bien hecho sólo escuchas quejas y amenazas veladas de que si no reduces tus honorarios la relación puede verse comprometida.

Cuidado con adelantar servicios: En el caso que nos ocupa, todo fue perfecto durante los primeros meses, pero a partir de un momento determinado, empezaron a retrasarse con los pagos y a pedir aplazamientos a la vez que aumentaban el número de pedidos. Cuando tratamos de negociar la puntualidad del cobro nos dejaron de pagar los últimos trabajos y suplidos, cortando en seco las comunicaciones. ¿Os suena? Como dijo nuestra abogada: excusas típicas de mal pagador.

Que des un trato excepcional a tus clientes, no implica que seas su esclavo: Una cosa es ser proactivo y querer sacar adelante mucho trabajo, y otra que tengas la obligación de atender un pedido "urgente", con modficaciones de última hora, un domingo por la tarde en el bautizo de tu sobrina. En este caso llevábamos esperando el visto bueno para anunciar una oferta desde el miércoles anterior, e incluso le ofrecimos al cliente la opción de publicar desde el móvil su petición, pero obviamente sin la posibilidad de modificar la creatividad gráfica que ya teníamos. Pues bien, a pesar de todo el malacostumbrado individuo lanzó una amenaza "si no se hacía inmediatamente como había pedido" (aunque se tratase de otra excusa más para no pagar). Probablemente incluso se esperaba que lo íbamos a dejar todo ipso facto y que volveríamos raudos a casa para cumplir sus demandas porque los proveedores no tenemos derecho a tener vida privada.

Como también dice mi padre: "cuanto más te agachas, más se te ve el culo". Conclusión: salvo que en el contrato ponga que has de ofrecer un servicio 24/7, recuerda que descansar fuera del horario laboral es algo normal (e incluso muy recomendable) y que quién no lo entienda, quizás no te conviene.

Pide que te aprueben todos los presupuestos por escrito y que te firmen la aceptación tras la entrega: La gente tiene mala memoria, y los sinvergüenzas suelen tratar de tirar de ello para aprovecharte de ti. Los morosos de manual de nuestra historia trataron de negar la mayor respecto a la aceptación de servicios ¡e incluso sobre su visto bueno para ciertas compras a terceros! Lo bueno es que los correos y WhatsApps no mienten (y son aceptados como prueba en un juicio). Las palabras se las lleva el viento, pero lo escrito, escrito queda.

Deshazte de ellos antes de que drenen toda la energía de la compañía: Si puedes evitar llegar al impago, al descuadre de caja continuado o a que se te vaya uno de tus empleados por no aguantar a un cliente, por supuesto HAZLO. Siempre es difícil asumir un descenso de facturación, pero sabes que a la larga te resultará más que rentable. Si estás empezando cuesta muchísimo decir “no”… pero cuando lo hayas hecho un par de veces… ¡no veas lo a gusto que vas a dormir!

Como me gustaría que este asunto tuviera algo más de recorrido, a modo de terapia grupal os pregunto ¿tenéis alguna experiencia similar que queráis compartir con nosotros?